Por: Carlos Enrique Parra Ron.
Etzatlán tiene en su historia personajes que, más allá del tiempo, siguen dejando huella. Uno de ellos es Salvador Gómez Pérez, revolucionario, senador por Jalisco y considerado el más importante promotor de la rebelión maderista en nuestro estado.
Gómez vivió en la casa donde hoy habita la familia Ron Siordia. De hecho, era tío abuelo de doña Conchita Siordia Godínez, lo que lo acerca todavía más a la memoria local.
En 1909, junto a Benjamín Camacho, fundó el Club Antirreeleccionista Miguel Hidalgo, conformado por sindicatos obreros e intelectuales radicales. También participaba en el grupo político de Enrique Calleros.
Cuando Francisco I. Madero, tras salir de prisión en San Luis Potosí, se refugió en Estados Unidos y dio a conocer el Plan de San Luis, Gómez tomó la batuta del movimiento en Jalisco luego de que Calleros fuera detenido. Se levantó en armas con varios compañeros, entre ellos el etzatlense Cleofás Mota, Ramón Romero, Bruno Moreno, Félix Maldonado y otros más.
La primera intentona revolucionaria, a inicios de 1911, terminó en derrota. Salvador Gómez huyó hacia Estados Unidos por San Blas, donde conoció la miseria trabajando en una fábrica de cajas. Con esfuerzo, logró reunirse con Madero en la frontera de Texas y permaneció a su lado hasta la firma de los Tratados de Ciudad Juárez.
Al regresar a Guadalajara, se alió con Roque Estrada, generando gran temor entre los conservadores. Su postura lo distinguió: mientras muchos políticos se inclinaban por la negociación, Gómez fue uno de los pocos que defendió abiertamente la justicia social, el zapatismo y el reparto agrario, por lo que fue respaldado por numerosas comunidades indígenas.
Su camino político no fue sencillo. Cuando fue postulado como candidato a gobernador, se desató una campaña mediática feroz en su contra. El entonces gobernador Alberto Robles Gil le prohibió participar en actos políticos, mientras Gómez lo acusaba de frenar la vida institucional de Jalisco. Incluso en el Congreso fue señalado de “comprar votos” a cambio de prometer tierras.
En febrero de 1912, tras un levantamiento encabezado por Francisco del Toro —antiguo aliado suyo—, Gómez fue acusado de ser el autor intelectual y enviado a prisión. Con la defensa del abogado Miguel Mendoza López, obtuvo su libertad semanas después. Sin embargo, sus seguidores indígenas en Sayula, Tecalitlán y Tonalá fueron perseguidos.
Pese a la adversidad, Gómez alcanzó el Senado de la República, donde trabajó junto a Belisario Domínguez en defensa del gobierno de Madero. En la tribuna denunció la conspiración porfirista que buscaba derribar al presidente.
En 1913, tras el golpe de Victoriano Huerta y la disolución del Congreso, Gómez intentó reorganizar un movimiento armado en Puebla, pero fue capturado y encarcelado. Recuperó la libertad en 1914, gracias a la amnistía otorgada por la invasión estadounidense en Veracruz, y se unió a Venustiano Carranza, quien lo nombró oficial mayor en la Secretaría de Agricultura y Fomento.
Tras la caída de Carranza en 1920, Salvador Gómez decidió retirarse de la política y llevar una vida privada.
Su legado, sin embargo, permanece vivo. No solo como orgullo de Etzatlán, sino como un jalisciense que luchó con convicción por la democracia, la justicia social y el reparto de tierras en tiempos de Revolución.
Hoy, más de un siglo después, su nombre nos recuerda que la historia no se escribe desde los grandes palacios, sino desde los pueblos y las trincheras de quienes soñaron con un México más justo. Etzatlán puede sentirse orgulloso: entre sus calles y familias nació un hombre que supo alzar la voz y luchar por las causas del pueblo.
Fuentes:
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José G. Zuno, Historia de la Revolución en Jalisco, 1964.
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José Ramírez Flores, La Revolución Maderista en Jalisco, 1992.
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José Gerardo Molina, investigador e historiador etzatlense.

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