Nació en la casona del Centenario, propiedad de su padre: Don Arnulfo Romero Cárdenas Por años, el nombre de Marcelo Romero García de Quevedo ha resonado en los pasillos del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco. No suele aparecer frente a las cámaras ni buscar titulares, pero su firma ha acompañado decisiones que han marcado el rumbo de la justicia civil en el estado. Su historia es la de un abogado que, desde los años noventa, ascendió hasta convertirse en uno de los magistrados más veteranos del Poder Judicial jalisciense.
Romero de Quevedo llegó al tribunal el 30 de abril de 1997, tras haber ofrecido su labor en asuntos jurídicos en el Congreso del Estado. Era una época de cambios institucionales: nuevas reformas, nuevas salas, y una generación de jueces que buscaban profesionalizar la justicia local. Con el tiempo, Marcelo Romero fue consolidando su espacio, primero en la Quinta Sala Civil, luego como uno de los referentes más constantes del pleno.
De temperamento reservado y carácter firme, quienes lo conocen descrito como un hombre meticuloso, acostumbrado a los expedientes extensos y las discusiones técnicas del derecho civil. En 2001, el Congreso lo ratificó como magistrado inamovible, un reconocimiento que no sólo aseguraba su permanencia, sino también su influencia dentro del tribunal. Desde entonces, su nombre ha figurado entre los pilares del sistema judicial jalisciense.
Años después, Romero de Quevedo dio un paso más en su formación académica. Viajó a Madrid, España, donde obtuvo el doctorado en Derecho por la Universidad San Pablo CEU. mostrando su interés por fortalecer su preparación jurídica en el ámbito internacional.
Hoy, Marcelo Romero García de Quevedo representa esa parte del Poder Judicial que combina la experiencia con la permanencia. Su historia no está escrita en discursos públicos ni entrevistas, sino en las resoluciones, actas y sesiones donde su voto ha tenido peso. Discreto, pero constante, su trayectoria es la de un hombre que ha hecho de la toga su destino, y del tribunal, su casa.
- Agradecimientos a Antonieta Ron.


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