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Era el 4 de octubre de 1962 cuando el rumor corrió como pólvora por las calles empedradas de Etzatlán, Jalisco: el manantial de Agua Zarca, orgullo del pueblo y fuente de vida durante generaciones, había sido cerrado por órdenes de la Secretaría de Recursos Hidráulicos.
Los vecinos, acostumbrados al frescor cristalino que brotaba de aquel manantial, se miraban entre la indignación y el miedo. Decían que el agua, que ahora llegaba desde un pozo particular perforado por el licenciado Cossío Vidaurri, no era la misma. Era turbia, con un sabor extraño, y más de uno aseguraba que hasta olía mal.
—“Esa agua no sirve ni pa’ los animales” —gritó una mujer en la plaza, mientras otros vecinos asentían, preocupados.
El enojo crecía con cada día que pasaba sin Agua Zarca. Muchos sospechaban que el cierre del manantial no era casualidad, sino una maniobra política, una de esas que se tejen en los escritorios mientras el pueblo paga las consecuencias.
El temor a una epidemia empezó a recorrer Etzatlán. Las madres hervían el agua, los abuelos recordaban los tiempos en que Agua Zarca manaba pura entre las piedras, y los hombres se organizaban para exigir su reapertura.
Transcripción del documento:
Exp-100-12-1-962. H-125 L-8.<<4.-Oct.-62.- Los vecinos del Mpios. de Etzatlán, Jal. están sumamente disgustados porque les fue cortada el agua del Manantial “Agua Zarca” ahora bajo el Contrl de la Sria. de Recursos Hidráulicos, por considerar que esto se debe a una maniobra que lleva a cabo el LIC. COSSIO VIDAURRI, quien cuando fue Dip. L c perforó un pozo de su propiedad, mismo que arroja agua insalubre, líquido que ahora se proporciona a los habitantes de dicho poblado, los cuales temen que por esto se ocasione una Epidemia, por lo que piden ponga en servicio nuevamente el Manantial de Agua Zarca.>>


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